Hay libros que nacen para consolar. Vivir sin prometerme nace, más bien, de la necesidad de decir. Y en ese decir, sobrevivir. Dividido en tres movimientos «Raíces», «Fruto», «Cepellón», este poemario recorre las formas del trauma: su origen, sus reverberaciones, la marca que deja en el cuerpo, en el deseo y en la memoria. Bullying, violencia sexual, vergüenza, ansiedad y una íntima voluntad de seguir atraviesan estos poemas con una escritura descar nada, simbólica y contemporánea, ajena al consuelo fácil y a cualquier promesa de redención. De ecos autobiográficos, este libro convierte la herida en lenguaje y la persistencia en una forma de verdad. Aquí la poesía no cura ni absuelve: nombra. Y, al nombrar, sostiene un lugar desde el que resistir.
Ver más





